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El nuevo impuesto del 1% a las remesas solo grava el efectivo

El '1%' a las remesas no toca quien envía por banco o tarjeta. Cae entero sobre el migrante sin cuenta que paga en efectivo: hasta +26% del coste de enviar, según el propio Treasury.

+18% a +26%
Encarecimiento real del coste de enviar que supone el '1%' sobre remesas de $200-500, según el Regulatory Impact Analysis del propio Treasury.
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Léelo dos veces. La nota oficial dice “un impuesto del 1% a las remesas” y suena a medida general, que toca a todos por igual. El texto que casi nadie lee dice otra cosa: el tributo solo cae sobre el efectivo.

El impuesto nace de la Section 70604 de la One Big Beautiful Bill Act, que añade la nueva Section 4475 al código tributario de EE.UU. El IRS y el Tesoro lo desarrollan en un reglamento propuesto (NPRM REG-114499-25), publicado en el Federal Register. Y ahí está la letra pequeña, en texto de ley citado por la propia norma: el 1% “applies only to remittance transfers for which the sender provides cash, a money order, a cashier’s check, or any other similar physical instrument”. La regla añade además el cheque de viajero a esa lista.

¿Qué queda fuera? Casi todo lo que usa quien tiene banco. La Section 4475(d) exime, con su nombre, las remesas pagadas con fondos retirados de una cuenta en una institución financiera —la transferencia ACH de toda la vida— y las financiadas con tarjeta de débito o crédito. Y aquí el detalle que desmonta el relato: la tarjeta vale aunque sea extranjera, “regardless of the country in which such debit card or credit card” se emitió. Personal checks, prepagos, tarjetas de cualquier país: no disparan el impuesto.

Traducido: es un tributo diseñado para esquivar a quien tiene cuenta bancaria y para caer entero sobre quien no la tiene. El migrante “unbanked” que entra a la remesadora de la esquina con billetes paga; el que mueve el dinero desde una app o una cuenta, no. Y no es interpretación nuestra. El propio análisis económico del Tesoro lo admite: estima que ~7% de los inmigrantes vive en hogar sin cuenta y “would send remittance transfers using cash because they have no access to alternative payment methods”. Calcula además que entre el 30% y el 36% de las remesas vía money transmitters se financian con efectivo —del orden de $156.000 a $187.000 millones al año— mientras las bancarias tributan cero.

Lo más sucio es la aritmética del “solo 1%”. Sobre envíos típicos de $200-500, con comisiones medias del 3,81% al 5,56%, ese 1% no es un 1% del coste: es un encarecimiento de +26% del precio real de enviar, según el mismo Regulatory Impact Analysis del Tesoro. El golpe se concentra en el corredor más usado por la diáspora hispana de EE.UU.: las remesas en efectivo hacia México y Centroamérica, el dinero que sostiene a millones de hogares en América Latina.

Un matiz que no te van a poner en grande: esto es un reglamento propuesto, no final. El plazo de comentarios públicos sigue abierto hasta mediados de junio de 2026. Aún puede cambiar. Pero lo que el “1%” esconde ya está escrito, y lo tienes aquí debajo del tachón.

2 fuentes trazadas [1] [2] — verifícalo tú mismo.