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El Relato Secreto

La Registraduría te escaneó la cara en las urnas, y el código que decide quién eres no lo audita nadie

El 31-may la Registraduría escaneó tu cara en 36.980 dispositivos contra 80 M de fotos. La auditoría de código fuente cubre el escrutinio, pero no el algoritmo facial.

36.980
dispositivos biométricos que escanearon rostros el 31-may-2026; el algoritmo que decide la coincidencia queda fuera de la auditoría de código fuente.
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El 31 de mayo de 2026, al entrar a votar en las presidenciales, una cámara te miró a la cara. La Registraduría desplegó 36.980 dispositivos de autenticación biométrica facial y dactilar que comparaban tu rostro, en ese instante, contra una base de 80 millones de fotografías del Archivo Nacional de Identificación. No fue en todas partes: sobre 118.346 mesas en el país, la cobertura rondó el 31%. Un piloto ampliado, no universal. Pero donde estuvo, decidió algo grave con un gesto banal: si la cara frente a la máquina eres tú.

Aquí está el dato que el relato oficial entierra. La Registraduría presume de una auditoría internacional —a cargo del IIDH/CAPEL— y de la exposición del código fuente de sus sistemas críticos. Suena a transparencia total. Pero ese código que se expuso, con calendario y sala de auditoría, cubre el preconteo, el sorteo de jurados, el escrutinio y la consolidación nacional. El algoritmo que mira tu cara y dicta si coincide no aparece con fecha propia en ese plan. El software que decide quién eres queda fuera de la habitación donde los auditores miran el código.

Y tu cara no es un dato cualquiera. La Ley 1581 de 2012, en su artículo 5, clasifica los datos biométricos como sensibles: el mismo rango que el origen racial, la salud o la vida sexual. Protección reforzada. La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) los trata como tratamiento de alto riesgo y ya ha ordenado, en otros casos, ofrecer alternativas no biométricas. El rostro que escaneó la urna pesa, en derecho, tanto como tu historia clínica.

Falta una pieza, y la ponemos a la vista en vez de esconderla. La prensa —El Espectador, Infobae— atribuye el motor facial a la firma francesa IDEMIA, proveedor de la Registraduría desde hace más de veinte años. La Registraduría, en cambio, lo presenta como desarrollo propio administrado solo por sus funcionarios. No lo damos por cerrado: es una atribución periodística sólida, pero no la hemos confirmado contra un contrato público que nombre al subproveedor del algoritmo facial. La búsqueda en SECOP II sigue abierta. Tampoco consta una evaluación de impacto (PIA) publicada ni una auditoría independiente del modelo.

Júntalo: el algoritmo señalado por la prensa es de un proveedor extranjero, la auditoría que sí se presume excluye el motor facial, y el rostro es dato sensible de alto riesgo. El código que decide si eres tú no lo ve nadie fuera de la Registraduría y su proveedor. Te escaneó la cara. Tú no puedes mirar el código. Esa asimetría es la noticia.

5 fuentes trazadas [1] [2] [3] [4] [5] — verifícalo tú mismo.